Un escenario probable

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Los próximos comicios serán un nuevo paso en la redefinición que atraviesa el sistema político argentino. No es posible predecir el futuro —verdad de Perogrullo—, pero diseñar escenarios probables y reflexionar sobre sus consecuencias es un ejercicio intelectual útil para afrontar lo venidero con menor sorpresa. Claro, el ejercicio resulta más valioso cuando se apoya en información sólida y en un análisis que otorgue razonabilidad al escenario proyectado. Desde hace años, las encuestas enfrentan serias dificultades para anticipar resultados. Solo merecen cierta atención aquellas realizadas en la semana previa a la elección. No se trata tanto de la impericia de los encuestadores como de la volatilidad del electorado, lo que reduce su confiabilidad.

Para ilustrar un escenario probable, cabe tomar como laboratorio la ciudad de Buenos Aires, donde contamos con resultados comparables de 2023 y 2025. En 2023, La Libertad Avanza obtuvo el 14% en la elección para jefe de gobierno (Ramiro Marra) y el 20% en la primera vuelta de las presidenciales (Javier Milei). En el balotaje de ese año, el Presidente alcanzó el 57% en el distrito. En 2025, el candidato oficialista Manuel Adorni obtuvo el 30%, mientras que los herederos de Juntos por el Cambio –Silvia Lospennato y Horacio Rodríguez Larreta– reunieron el 24%. El crecimiento de LLA en este período fue innegable: espectacular en 2023, al saltar del 20% en primera vuelta al 57% en el balotaje, y luego significativo en 2025, al alcanzar el 30% con Manuel Adorni frente a los porcentajes iniciales de Milei y Marra.

En estos casi dos años, el gobierno nacional logró avances notables en materia macroeconómica: una fuerte caída de la inflación, relativa estabilidad del dólar y un equilibrio fiscal sostenido, aunque quedó pendiente el fortalecimiento de las reservas internacionales. Surge entonces una pregunta central: ¿por qué, después de haber alcanzado el Presidente el 57% en el balotaje y de mostrar una gestión económica meritoria, el candidato oficialista en 2025 (Manuel Adorni) obtuvo el 30%, cediendo buena parte de esa diferencia a los herederos de Juntos por el Cambio? En otras palabras: ¿por qué el respaldo electoral no fue más contundente?

Varias razones pueden explicar este fenómeno. En el balotaje de 2023, muchos votantes de Juntos por el Cambio optaron por Milei más por temor que por adhesión, eligiendo lo que consideraban el mal menor. El 24% de apoyo a JxC en 2025 refleja en gran medida un rechazo hacia LLA, motivado sobre todo por las formas agresivas y vulgares de la comunicación presidencial, incluido el maltrato a quienes se mostraron dispuestos a colaborar, mostrando una incapacidad del oficialismo para articular una alianza amplia que genere mayor gobernabilidad y confianza en el futuro. Este estilo presidencial, junto con la existencia de un electorado de CABA que no se inclinó ni por el candidato libertario ni por el peronismo, ha contribuido a conformar en todo el país una base refractaria a apoyar al oficialismo, lo que abre espacio a la posible emergencia de un tercer actor político relevante, o inclinado a abstenerse de participar en los comicios.

Hay dos factores adicionales que podrían perjudicar al oficialismo. En primer lugar, el voto de jubilados y pensionados, un segmento decisivo del padrón. La insistencia en sostener a toda costa el superávit fiscal con gestos de extrema dureza y sin señales claras de empatía hacia ellos puede volverse un serio obstáculo electoral. En segundo lugar, las elecciones legislativas suelen ser percibidas como menos trascendentes que las ejecutivas, y por eso propicias para que el electorado “zamarree” al Gobierno y le marque su descontento en ciertos aspectos. Otro elemento a tener en cuenta. Tanto un crecimiento de una tercera fuerza como una alta abstención expresarían descontento con el rumbo actual. Eso no constituiría el mejor escenario para la segunda mitad del mandato, cuando la confianza será clave para impulsar el demorado y necesario proceso de inversiones que el país requiere. Sin embargo, este mismo malestar puede ser un arma de doble filo: podría generar un nuevo período de inestabilidad, pero también abrir la puerta a replanteos que permitan consolidar los logros alcanzados. ¿Hay escenarios alternativos que no provengan de las problemáticas encuestas? Sin duda, y es interesante examinar el razonamiento del que surjan.

Politólogo y sociólogo (Universidad de San Andrés)

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